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Derechos laborales juveniles vs informalidad

Fernando Calle Hayen

Por: Fernando Calle Hayen

No se puede ni se debe hablar con tanta facilidad sobre la informalidad en el trabajo y que los jóvenes no tengan derechos. Eso es una ligereza inaceptable y peor aún si viene o sale de la boca de personalidades.

Como he sostenido, los jóvenes pueden trabajar desde los 16 años con permiso de sus padres y gozar obviamente de los derechos que la ley otorga a todos los trabajadores. Naturalmente que somos conscientes que existe una alta informalidad como lo señalan las autoridades gubernamentales, pero eso encierra a su vez un lamentable reconocimiento de fracaso.

Y es que la informalidad es sancionable y es obligación del Estado el control y la manera de evitar que esa situación exista. Para ello existe el peso de la autoridad del Estado, en uso del gobierno, a fin de que esa informalidad sea controlada y sancionada severamente por las autoridades correspondientes. No puede ni debe existir ausencia del Estado ya que ello genera falta de credibilidad y ausencia de legitimidad y eso no es bueno para nuestra frágil democracia.

Debemos entender que la Ley es para todos y nadie que la infrinja puede dejar de tener sanción, y la Ley Pulpín sin el debate necesario y sin haberse regulado la existente informalidad estaría demostrando el fracaso del Estado en el control del cumplimiento de sus normas; por eso debemos entender que una norma que no agrada o no es buena, al entender de una mayoría, debe mejorarse o derogarse pero no se debe pasar por encima de ella y la ley en referencia estaría, como he dicho en alguna oportunidad, dejando sin sanción a sus infractores.

Que necesitamos una ley, cierto, pero con cumplimiento nacional y respeto a las normas, no en contra de ellas porque entonces vamos a resignarnos a vivir con la informalidad, pero desde las propias instituciones del Estado. Triste, por decir lo menos.

Sería conveniente que la nación escuche en el debate del pleno del Parlamento el por qué algunos señores legisladores votaron a favor de la ley y ahora piensan distinto y saber también quiénes y por qué allí consideraron necesario sostener y votar diferente.

Una mejor explicación ayudaría a entender por fin lo bueno y malo de la norma desde el concepto legislativo de los congresistas. Eso ayudaría a fortalecer nuestra frágil democracia. Es importante entender que necesitamos urgentemente generar confianza y fortalecer las instituciones, pero no olvidemos que la confianza se construye con la honradez y esta la deben representar las altas dignidades de nuestro país y en esto resulta importante recordar que la democracia no es solo transparencia sino también la obligación de dar cuenta de nuestros actos todos los días.

(*) Exmiembro del Tribunal Constitucional

Fuente: La Razón

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